Productividad en modo híbrido: qué prácticas sí están funcionando en las empresas peruanas

Superado el debate entre trabajo remoto y presencial, las empresas en Perú están afinando cómo gestionar equipos híbridos con foco en resultados. La clave ya no es cuántos días se asiste, sino cómo se organiza el trabajo y qué herramientas lo potencian.

Lima, febrero de 2026. El debate sobre si trabajar desde casa o desde la oficina es más productivo empieza a perder relevancia. En Perú, muchas empresas ya estabilizaron esquemas híbridos y el foco ahora está en algo más concreto: cómo hacerlos realmente eficientes.

El modelo híbrido dejó de ser una solución transitoria y se convirtió en parte estructural de la organización del trabajo. De hecho, el 54% de los profesionales mantiene hoy una preferencia mayoritaria por esquemas híbridos, según el estudio “IA y presencialidad: el nuevo panorama laboral en Perú”, elaborado por WeWork y Michael Page.

Sin embargo, gestionarlo mal puede generar el efecto contrario al buscado: más fricción, más reuniones y menos foco. La productividad ya no depende del lugar, sino del diseño.

El mismo estudio revela que la flexibilidad se ha convertido en un factor determinante en las decisiones laborales. El 31% de los profesionales afirma que no aceptaría un empleo que no ofreciera trabajo remoto, mientras que el 18% no regresaría a un esquema 100% presencial.

La señal es clara: la discusión no es si el híbrido funciona, sino cómo se gestiona. Para las empresas, el desafío es construir un modelo que mantenga la productividad sin perder competitividad en atracción y retención de talento.

La fricción invisible: movilidad y tiempo perdido
Uno de los factores que más presiona el diseño del modelo híbrido es el traslado. El 86% de los encuestados identifica el tiempo de movilidad como la principal desventaja del retorno a la oficina. En una ciudad como Lima, donde se pierden en promedio 155 horas al año en congestión vehicular en horas pico, la eficiencia del día presencial se vuelve crítica.

“Cuando los equipos invierten tiempo significativo en desplazarse, la jornada en oficina necesita tener un propósito claro: colaboración estratégica, toma de decisiones o sesiones de trabajo que realmente requieran interacción presencial. Sin planificación, el híbrido se convierte en desgaste”, señala Claudio Hidalgo, presidente de WeWork para Latinoamérica.

Qué sí está funcionando
Para el líder regional, las empresas que están logrando mejores resultados comparten ciertos patrones: definición clara de días de colaboración, reducción de reuniones innecesarias, evaluación por objetivos —y no por conexión permanente— y uso estratégico del espacio físico.

“El híbrido no es dividir la semana entre casa y oficina. Es rediseñar cómo se trabaja. Las compañías que lo gestionan con métricas claras y foco en resultados son las que están viendo mayor eficiencia. En este esquema, la oficina deja de ser un lugar de cumplimiento y pasa a ser una herramienta para acelerar decisiones y fortalecer el alineamiento”, sostiene Hidalgo.

Tecnología: el acelerador pendiente
El estudio también evidencia una brecha significativa en el uso de tecnología. Aunque el 53% de los profesionales cree que sería más productivo en menos horas si tuviera acceso a herramientas de inteligencia artificial avanzadas, solo el 5% cuenta con plataformas provistas por su empleador. En la práctica, el 61% utiliza herramientas de IA por iniciativa propia.

La señal es contundente: la productividad no solo depende del modelo híbrido, sino de las herramientas que lo acompañan. Sin capacitación, lineamientos claros y tecnología alineada al negocio, el potencial de eficiencia se diluye.

“El futuro del trabajo combina flexibilidad con tecnología. No es solo dónde se trabaja, sino con qué herramientas y bajo qué sistema de gestión”, añade Hidalgo.

En 2026, el trabajo híbrido ya no es una tendencia en discusión, sino una realidad consolidada. Las empresas que siguen debatiendo el formato están un paso atrás. Las que avanzan son aquellas que han pasado del debate ideológico a la ejecución operativa.

La productividad en modo híbrido no es una promesa automática. Es el resultado de decisiones claras sobre organización, liderazgo, tecnología y medición de resultados. Y en un entorno donde el tiempo, el talento y la eficiencia pesan cada vez más, gestionarlo bien ya no es opcional: es ventaja competitiva.